Me gusta SER MUJER

Cuando escribo despierto siempre mi parte mas creativa para ofrecer al mundo lo mejor de mí a través de palabras a las que tú luego puedas dar imagenes. Te invito a pasar tus ojos sobre estas líneas en un momento de tranquilidad y que puedas sensibilizar tu parte de mujer femenina para honrar lo que eres, una mujer, una humana femenina hembra, con unas característica físicas y psíquicas únicas, y pases a reflexionar sobre estos pensamientos vagabundos que hoy flotan en mi cabeza sin intentar comprender mas y sí con ganas de cambiar.
Las mujeres desde que nacemos, dependiendo del país, lugar y condicionamiento social, se nos hace soportadoras de unos patrones y creencias con los que convivimos toda la vida, aceptándolos como normales por el mero hecho de haber nacido del sexo femenino y que marcan nuestra actitud en la vida sin que ni siquiera seamos conscientes de ello. El mero de hecho de no ser las que perduren el apellido familiar hace que lo deseado en los nacimientos sean un varones, para que así continúen el clan familiar con el orgullo de la estirpe como bandera, no sé quien puso esta “regla” que todos aceptamos como “normal”, quizás en tiempos de reyes y reinas cuando el que reinaba era el primogénito masculino y de ahí todos a copiar sin pararnos a pensar, y es más, que incluso hay veces que tomamos el apellido de nuestros maridos, quitándonos el propio. Curioso que ésto siga funcionando en un primer mundo de “igualdad”, cierto? El sexo en el nacimiento si importa entonces, si? como también importa la diferencia en la educación que recibimos en el entorno familiar, no se lleven las manos a la cabeza escandalizadas si de sus bocas sale eso de “haz la cama de tu hermano” tan español y donde las propias mujeres participamos en la desigualdad que luego gritamos en las calles para regularizar. Si desde la cuna nos vienen ya las imposiciones, seguro que también habeis vivido el minuto de niña a mujer con la primera menstruación, donde parece que ya toda relación con los chicos se acaba, transforma y/o desaparece haciéndonos sentir que estamos en peligro continuo de quedarnos embarazadas y deshonrar a la familia, como si la responsabilidad de la honra sólo dependiese de nosotras y acabar sintiéndo que nuestro flujo de desarrollo animal natural es algo malo. El sexo débil, las que tenemos mal carácter cuando tenemos la regla o la menopausia, las que estamos mal folladas si estamos enfadadas, …. las que….. las que….porque parimos, criamos, educamos, trabajamos, cuidamos, cocinamos, etc….. y cada día queremos ser más independientes esclavas de nuestra falsa libertad, ¿será que hemos sido programadas para que sufrir sea la forma aceptada? y que nuestras ancestras, adn o lo que sea no nos sueltan para que cumplamos con el clan familiar, calladitas y sumisas?  Aquí avanzamos en este “darme cuenta” y despierta ya de ¿Cómo lo estoy haciendo yo? ¿Qué me impide pensar libremente con igualdad real?
Parece que estamos educadas para servir al masculino lo que conlleva que somos inferiores, no iguales. Escribo desde la duda propia que me de luz y sobre los casos que recibo de mujeres en mis talleres. Maravillosas mujeres que siguen actuando bajo creencias inconscientes que no les deja amarse y amar, porque están condicionadas en la competitividad y las injusticias vividas. Sin querer entrar en la víctima y escribir sobre lo que hay fuera, hago un llamamiento a la responsabilidad de ser mujer, a pasear la feminidad y los talentos desarrollándonos como seres humanos conscientes que aplican la coherencia y sensatez en nuestro modo de vida.
Cuántas veces hacemos crítica de mujeres porque ellas se atreven a ser libremente, y como tú no lo haces, escupes palabras para que vuelva al redil y que ni se mueva. Juzgamos a través de las creencias que nos limitan y que nos impiden avanzar en la verdadera igualdad de la mujer. El apoyo entre nosotras se hace imprescindible, sostenernos y cuidar lo que sale por la boca sin repetir frases humillantes e insultos que buscan el reconocimiento del ego, como que ser mejor que otras, es estar en casita con la patita quebrada reprimiendo nuestros gustos e impulsos. Respetemos para podernos respetar, permitamos para podernos permitir y sobretodo pongámoslo en práctica, que vaya mas que la simple lectura de éste artículo, que sea mi manera, de pensar, sentir, hacer coherente, y que cada palabra que salga por mi boca sea de empatía con otras mujeres porque sino mejor callar antes que arrojar una piedra contra ella.
Mujeres y hombres somos diferentes que no quiere decir inferiores, las capacidades de ambos son valiosas y necesarias. Somos el resultado del mundo dual donde vivimos y punto. Admitir que nacemos todos con cualidades diversas y complementarnos es lo inteligente, y que un hombre cocine o cuide a sus hijos es parte de esa normalización de las cosas sin que tengamos que darlo como una noticia especial, porque ellos también están aburridos de sus estereotipos y piden también su espacio para desarrollarse en todo lo que son.
Es la educo-castración en la que se nos ha enseñado a convivir con el masculino que nos lleva a ese lío de los conflictos actuales que parece seguir repitiéndose porque es un patrón “normalizado socialmente”. Si que hemos avanzado a nivel global, gracias al cielo pero ahora siento que hay un paso mas en el camino que es aceptar las diferencias y tener orgullo de ellas. Me gusta se ser mujer, ser sensible y recibir desde la parte masculina ese plus que me aporta a mi yo todo, yo entera como soy. Me encanta el sentir masculino, lo valoro, admiro y respeto porque es parte del mundo que vivo.

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